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Autor: José Vicente de los Mozos, presidente de ANFAC

Esta Tribuna se ha publicado en El País. Anuario del Motor. Junio 2019

Mucho se habla de la movilidad. Debates electorales, cursos, foros, tertulias… La manera de concebir el transporte ha cambiado hacia este nuevo paradigma, la movilidad, que implica el derecho de cada ciudadano a desplazarse cómo, cuándo y a dónde quiera. El vehículo privado es entonces un elemento más de la ecuación, en la que conviven otros modos de desplazarse, a los que accedemos gracias a las distintas apps. La tecnología, así, ha transformado el transporte, como lo ha hecho con otros sectores y conduce a la industria de la automoción hacia un futuro marcado por la electrificación, la conectividad, la conducción autónoma y la movilidad compartida.

La persona es el centro, sin duda. También lo son las ciudades, grandes prescriptores y reguladores del transporte. Son ellas las que deciden, cada día más, cómo movernos por los centros urbanos, en función de sus necesidades, como la mejora de la calidad del aire, la reducción de la congestión y la peatonalización. Se multiplican los actores, por lo tanto, también desde el punto de vista de los nuevos componentes para los vehículos eléctricos, el software para sus conexiones o la comunicación con las infraestructuras.

Este nuevo ecosistema múltiple y sus retos asociados plantea un nuevo horizonte que llama a la industria a dar el mayor salto de su historia, una transformación en toda regla, como tuve ocasión de expresar ante S. M. El Rey Felipe VI en el pasado Centenario del Automobile Barcelona. Los fabricantes ya estamos comprometidos y trabajando en ello: en la descarbonización del parque, cumpliendo con las más exigentes normativas medioambientales; en la movilidad eficiente, inteligente y asequible y en la reducción de los accidentes en carretera. En esta línea está trabajando ANFAC. Estamos diseñando un plan estratégico que analice y garantice que España mantenga este liderazgo industrial para los próximos 20 años. Somos responsables de que estas fábricas se mantengan competitivas en el nuevo entorno, porque representan el 10% del PIB de España y el 9% de la población activa trabaja en empleos relacionados con el sector.

Pero no podemos estar solos. Si nos hemos convertido en un ecosistema, con múltiples actores, si la lucha contra el cambio climático y la contaminación es fundamental en nuestro trabajo, si las ciudades tienen una importante voz, pero manteniendo, como siempre, a la persona en el centro, si los hábitos de consumo están cambiando, tenemos que avanzar en este camino de manera conjunta. La movilidad es un reto que no podemos definir unilateralmente desde la industria o desde los Gobiernos. Corresponde a toda la sociedad decidir qué tipo de movilidad quiere para el futuro y trabajar conjuntamente y en consenso para potenciar la industria y su competitividad dentro de este marco.

Es necesario que la movilidad del futuro sea eficiente, sostenible, sin emisiones, accesible y asequible, que incluya las necesidades y demandas de la sociedad, del medio ambiente, de la economía y de la industria. De las decisiones de hoy, dependerán la competitividad y sostenibilidad de la industria de la automoción española. Tenemos una ventana de oportunidad para garantizar nuestro futuro a medio y largo plazo. Trabajemos como sociedad, como industria, como país en la competitividad de la Industria de la Movilidad en España.

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